A veces, el "mal tiempo" no llega en forma de lluvia, sino en forma de realidad. Esa sensación de que el mundo exterior pesa demasiado, de que las manecillas del reloj giran al revés o de que, simplemente, nos hemos perdido en un bosque de obligaciones.
Es ahí cuando el refranero viajero nos lanza su mejor salvavidas: “Al mal tiempo, buena cara”. Pero, ¿y si te dijera que la mejor forma de poner buena cara es, precisamente, metiéndose en un agujero de conejo?
EL REFUGIO DE PAPEL: LA BIBLIOTECA COMO PAÍS DE LAS MARAVILLAS
Para el viajero de mente, la biblioteca es el primer aeropuerto. No necesita pasaporte, solo silencio y curiosidad. Cuando el día se tuerce, cruzar el umbral de una biblioteca es como la caída de Alicia por el túnel: de repente, las reglas del "mundo real" dejan de importar.
Los estantes son mapas: Cada lomo de libro es una coordenada hacia un lugar donde siempre es la hora del té o donde las reinas son de baraja.
La resiliencia de Alicia: Si lo piensas, Alicia es la maestra suprema de la "buena cara". Se enfrenta a flores que hablan, orugas fumadoras y juicios sin sentido sin perder la compostura (bueno, casi nunca).
"Si no sabes a dónde vas, cualquier camino te llevará allí", decía el Gato de Cheshire. Quizás el mal tiempo es solo una invitación para tomar un camino que no estaba en tus planes.
LECCIONES DE UNA MERIENDA DE LOCOS
Aplicar el refrán en nuestro "viaje" diario por la vida significa adoptar la filosofía de la biblioteca: orden dentro del caos.
Acepta el absurdo: Si te toca un Sombrerero Loco cerca de tí, recuerda que Alicia sobrevivió a base de preguntas y una pizca de ironía.
La sonrisa de Cheshire: Una buena actitud es el único equipaje que no pesa. Incluso cuando todo lo demás desaparece, la sonrisa (y lo aprendido en los libros) permanece.
Lee para escapar, vuelve para vencer: La biblioteca no es una huida, es un entrenamiento. Salimos de ella con la "buena cara" de quien ha visto otros mundos y sabe que este, por muy gris que esté el cielo, tiene solución.


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