Parece que fue ayer cuando abrimos las puertas en septiembre, con esa mezcla universal de nervios, mochilas con olor a nuevo y propósitos de curso escolar. Sin embargo, hoy, al mirar hacia atrás y hacer balance de este fin de curso 2026, la sensación es de un triunfo colectivo indiscutible. No solo hemos sobrevivido a los madrugones y a las inevitables semanas de intenso trabajo, sino que hemos construido una historia compartida de la que sentirnos profundamente orgullosos.
Este curso ha estado marcado por una adaptación constante y un espíritu de colaboración inquebrantable. Dejamos atrás las clases tradicionales para adentrarnos en proyectos que han desafiado nuestra forma de pensar. Hemos visto cómo las aulas se convertían en laboratorios de ideas, donde un debate sobre historia podía terminar en una propuesta brillante para mejorar nuestra comunidad, y donde la tecnología dejó de ser un simple salvavidas para convertirse en nuestro mejor aliado creativo.
Pero si algo nos llevamos de este 2026 no son las calificaciones impresas en un boletín, sino los momentos invisibles que sostienen el día a día. Nos referimos a esos momentos especiales con compañeros / as y profes en el aula, las risas ahogadas en el patio, la ayuda incondicional en los pasillos, y esa mirada de complicidad entre compañeros / as cuando un concepto complejo por fin hace clic en la pizarra. Ahí es donde reside la verdadera magia de aprender.
Nada de esto habría sido posible sin el compromiso de cada pieza de este engranaje. A nuestros alumnos / as: gracias por no perder la curiosidad, por cuestionarlo todo y por enseñarnos, muchas veces, más de lo que nosotros os enseñamos a vosotros. Al equipo docente y al personal del centro: vuestra paciencia infinita y vuestra vocación han sido el faro en las semanas más grises. Y a las familias: gracias por confiar, por empujar desde casa y por ser ese refugio seguro cuando las cosas se ponían difíciles.
Ahora, los pasillos se quedan en un silencio extraño, pero es un silencio absolutamente necesario. Es el momento de bajar las revoluciones, cerrar las libretas y dejarnos abrazar por el verano. Toca descansar, improvisar planes, aburrirse un poco —que también hace falta— y recargar esas pilas que hemos exprimido al máximo.
Nos despedimos de este capítulo con la mochila llena de aprendizajes vitales. Disfrutad de cada día sin horarios; nos vemos a la vuelta con nuevas páginas en blanco listas para ser escritas. ¡Feliz y merecido descanso a todos!




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