Hoy en nuestro rincón de historias, vamos a viajar a un portal con mucha luz en una calle de Cuba. Allí vive alguien muy especial: la Cucarachita Martina.
Si hay un cuento que nos hace soñar, es este. Es una historia que nos habla de la limpieza, de los tesoros encontrados y, sobre todo, de saber elegir bien a nuestros amigos.
UN TESORO EN EL PORTAL
Todo empezó una mañana de sol. Martina, que era muy hacendosa, estaba barriendo su portal con una escoba de palma. De repente, algo brilló entre el polvo: ¡una moneda de oro!
Martina se quedó pensando: "¿Qué compraré? ¿Caramelos? No, que se me pican los dientes. ¿Bizcochos? No, que se me acaban pronto". Al final, decidió comprarse una cajita de polvo de arroz para ponerse su carita blanca y oler a flores. ¡Se puso un lazo rojo y se sentó a ver quién pasaba!
UN DESFILE DE PRETENDIENTES
Martina se veía tan linda que todos los animales del barrio querían ser sus amigos y casarse con ella. Pero Martina era muy cuidadosa y les hacía una pregunta muy importante: "¿Y por las noches, qué harás?".
- 🐂 El Toro: "¡Muuuuu!", bramó con fuerza. Martina se tapó los oídos: "¡Ay no, que me asustas!".
- 🐕 El Perro: "¡Guau, guau!", ladró muy alto. Martina movió su cabecita: "¡Qué va, que no me dejas dormir!".
- 🐓 El Gallo: "¡Kikirikí!", cantó muy estirado. Martina suspiró: "¡No, que me despiertas muy temprano!".
EL DULCE RATONCITO PÉREZ
Hasta que llegó el Ratoncito Pérez. Era pequeñito, vestía una guayabera limpia y hablaba con una voz muy suave: "Chirripiti, chirripiti...".
Martina sonrió por primera vez. Aquella voz era como una canción de cuna. "Contigo sí, Ratoncito, que tu voz es muy dulce".
UNA LECCIÓN DE AMOR
Aunque el cuento a veces tiene un susto con una olla de sopa, lo más lindo que nos enseña Martina es que la belleza no está solo en el polvo de arroz o en los lazos, sino en encontrar a alguien que nos trate con dulzura y respeto.
Martina no buscaba al más fuerte ni al que más gritaba, sino al que tenía el corazón más tranquilo.

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