En un mundo que parece correr en una cinta de correr a máxima velocidad, la biblioteca sigue siendo ese oasis donde el tiempo tiene prohibida la entrada. Aquí, las prisas se quedan en el paragüero y el reloj se rinde ante la primera página.
Solemos escuchar que "despacio se llega lejos", pero qué significa esto cuando tenemos un libro entre las manos y miles de estanterías por descubrir.
A diferencia de las pantallas, donde saltamos de un titular a otro sin apenas respirar, la biblioteca nos invita a la pausa. No es un autoservicio de comida rápida; es un banquete que se cocina a fuego lento.
El camino de los estantes: Perderse entre los pasillos es la mejor forma de encontrarse. Si caminas despacio, ese libro que no buscabas te acaba encontrando a ti.
El silencio que construye: En el silencio de la sala, cada palabra pesa más, cada idea cala más hondo.
SABOREAR EL LIBRO, NO SOLO "TERMINARLO"
Existe una presión invisible por leer mucho y rápido. Pero la lectura no es una competición de cantidad.
Llegar lejos en la comprensión: Leer despacio permite que las ideas se asienten. Es la diferencia entre ver un paisaje por la ventanilla de un tren bala o recorrerlo a pie.
Llegar lejos en la empatía: Solo cuando nos detenemos en los diálogos y los silencios de un personaje, logramos entender su mundo.
Llegar lejos en la imaginación: La lectura reposada nos da permiso para cerrar el libro un momento, mirar por la ventana y dejar que la mente vuele.
EL RETO DEL "LECTOR TORTUGA"
Desde nuestra biblioteca, queremos invitarte a practicar la lectura consciente. No te preocupes por cuántas páginas te faltan para terminar el capítulo. Disfruta de la frase que acabas de leer. Detente en ese adjetivo brillante. Relee ese párrafo que te hizo sonreír.
Recuerda: Quien lee deprisa solo llega al final; quien lee despacio, llega al infinito.


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