Si cierras los ojos por un segundo y piensa en una biblioteca, seguro que el primer sentido que activas es la vista o el oído: el olor a papel viejo o nuevo, el susurro de una página al pasar, la luz de un flexo o el característico "shhh" que llama al silencio. Pero en nuestra biblioteca, el silencio no significa ausencia de lenguaje. El silencio también está lleno de historias, ideas y conversaciones que nacen en las manos y en el rostro.
Hoy, 23 de septiembre, nos unimos a la celebración del Día Internacional de las Lenguas de Signos, una fecha proclamada por la ONU para recordar que los derechos lingüísticos son derechos humanos fundamentales y que la accesibilidad debe formar parte de la vida cotidiana.
UN ESPACIO COMÚN DONDE LAS BARRERAS SE DILUYEN
Las bibliotecas públicas siempre han sido el corazón cultural del barrio: un lugar libre, abierto y democrático donde cualquier persona puede aprender, descubrir e imaginar. Pero una biblioteca solo es plenamente de todos cuando todos pueden acceder a ella sin barreras.
Las personas sordas y con discapacidad auditiva forman parte activa de nuestra sociedad. La lengua de signos no es una versión gestual del idioma hablado ni un conjunto de mímicas sencillas: es una lengua viva, rica y compleja, con su propia gramática, vocabulario y cultura.
Reconocerla y abrirle espacio en nuestras aulas no es solo una labor de inclusión, sino una oportunidad de enriquecernos como comunidad.
LA INCLUSIÓN ES UN CAMINO CONTINUO
Celebrar el Día Internacional de las Lenguas de Signos no es cuestión de una sola jornada en el calendario, sino un compromiso permanente. Seguimos trabajando para que nuestras colecciones, nuestras actividades y nuestras instalaciones sean un reflejo de la diversidad que nos rodea.
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